lunes, 8 de agosto de 2011

Monster


...pero el monstruo fue condenado a no morir, y el destino es un hijo de
puta...

...tomó forma en medio de la oscuridad. Sus cuatro brazos se contorsionaban parsimoniosamente, percibiéndose como nuevas extremidades, y sus colores se fusionaban entre sí, ininteligibles en medio de las sombras. Quien hubiera logrado sorprender a la quimera, jamás hubiese sospechado qué le había dado forma: la silueta era confusa, y la poca luz artificial a penas y permitía discernir sus extensiones como formas independientes, pero a la vez partes de un todo mítico. Tenía dos bocas que se hacían una, y luego otra vez eran dos, y que se desplazaban a lo largo de toda su morfología, a veces juntas, a veces separadas. El horror de la escena era que el monstruo parecía devorarse a sí mismo, mordiéndose, lamiendo partes de su propia anatomía.

El engendro trataba insistentemente de cubrir una curiosa herida sangrante introduciendo en ella uno de sus miembros…tal vez dolía… sonidos quisquillosos se liberaban cuando lo hacía. Pequeñas risas aquí, palabra inescrutables allá. Su dialecto extravagante e indescifrable mezclaba gemidos, gruñidos y carcajadas escalofriantes.

La fusión se presentaba en intervalos confusos y después, la criatura se desarmaba y se quedaba quieta... entonces, una vez más se perdía todo orden, se inquietaba y reiniciaba su estrepitosa aventura formando nudos imprecisos.

El sol se esforzó por colarse a través de las oscuras cortinas hasta ganar la batalla contra la penumbra, disolviéndola entre la suave caricia de su luz...el monstruo había muerto, o al menos eso pareció cuando sus partes disueltas, casi inertes, a penas cambiaban de posición de vez en vez.

El misticismo de aquella calurosa madrugada hizo posible su fusión. La aberración desapareció junto con las sombras...

Dos cuerpos, alcanzados por la claridad del día, renacieron como nuevos seres cuyo aliento de vida recién otorgado les permitió levantarse y seguir cada uno su camino. Aquellos cuerpos volverán a encontrarse un día, y el esperpento renacerá una vez más. El cielo clama por que no sea así: los dos son unos malditos... pero el monstruo fue condenado a no morir, y el destino es un hijo de puta...

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