martes, 22 de junio de 2010

uN DíA de ÉsTos...

El cuerpo lánguido se sacudía al ritmo del agitar dentro de él. Aún conservaba calor, calor que se escapaba por las distintas hendiduras en la extensión del torso. Los ojos, enmarcados los por fuertes y violentos golpes, se dirigían a la nada, sin mirar. Jadeos que se intensificaban en proporción al movimiento, y un grito final, que culminó con la explosión de un orgasmo solitario, la descarga blanquecina dentro de una cavidad inerte.

Estaba agotado. Ahora, los nervios. El momento de arrebato había concluido y se encontraba afrontando la realidad. Incorporándose precipitadamente se abrochó los pantalones, y levantó el cadáver sangrante con la misma brutalidad con la que lo había ultrajado. Se detuvo unos instantes para contemplar el alguna vez hermoso rostro, ahora deformado por la violencia; hizo un esfuerzo mediocre por vestirlo, entorpecido aún más por el temor a ser descubierto.

Arrastró unos cuantos metros el pesado bulto y lo arrojó entre las piedras de aquel lote baldío. Lo cubrió burdamente con algunas bolsas de basura que reposaban en la cercanía y, tembloroso, huyó hasta su donde su volkswagen se hallaba estacionado. Arrancó el pequeño auto y se dirigió a casa: su mujer lo esperaba para cenar; los niños seguramente dormían.

Dos días más tarde, a dos cuadras de la Procuraduría General, hallaron el cadáver de una adolescente de 16 años, con 7 puñaladas en el torso. Había sido secuestrada por un taxista.


Nota: escribí este cuentillo dos día después de leer un encabezado en el periódico.
:S

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